Bienvenido al Blog de "Historias Para Meditar"

Haz un alto en tu camino y viaja con nosotros a otros lugares y otros tiempos: Un momento de reflexión en la jornada diaria...

Un Saludo de los Narradores de "Historias Para Meditar"

Meditar, consiste en reflexionar aplicando algo de imaginación a lo que se examina. Su finalidad es aprender algo que no siempre salta a la vista en un primer vistazo...

Esperamos conseguir con este sitio, proveerte de una fuente de "meditaciones" que te ayuden en tu vivir cotidiano y que el viaje haya sido sido ameno, divertido y sobre todo positivo para ti. ¡Vuelve pronto!


Tus amigos David Lopez-Cepero y Mari Nieves Cintado

27 de febrero de 2009

La Parte mas Importante del Cuerpo


Desde que era pequeño, recuerdo que mi madre solía hacerme una pregunta de vez en cuando, y no puedo olvidar los años en los que esto se repitió vez tras vez, pues parece que yo nunca encontraba la respuesta correcta.


¿La pregunta? Pues mi madre quería que le dijera qué parte del cuerpo era la más importante… Y tardé años en encontrar la contestación más adecuada.


Cuando era más joven, pensaba que el sonido era muy importante para nosotros, por eso una de las primeras respuestas que di a mi madre fue: “Mis oídos, Mamá”. Ella dijo: “No, muchas personas son sordas y se las arreglan de un modo u otro para hacer cuanto necesitan. Pero sigue pensando, que te preguntaré de nuevo en otra ocasión”.


Pasaron varios meses antes de que lo hiciera de nuevo. Desde aquella primera vez, yo había creído encontrar la respuesta correcta, de modo que cuando por fin me preguntó, yo le dije sin dudar: “Mamá, la vista es muy importante para todos, entonces deben ser nuestros ojos”. Ella, me miró y me dijo: “Estás aprendiendo rápidamente, pero la respuesta no es correcta porque hay muchas personas que son ciegas, y salen adelante aun sin poder ver”.


Continué pensando cual sería la solución acertada, para estar preparado cuando llegara el próximo examen. Y a través de los años, mi madre me preguntó algunas veces más, y yo siempre tenía pensada la que creía que sería la mejor opción. Probé a decir que la parte más importante del cuerpo era el corazón, los pulmones, la boca, el cerebro… Pero para mi sorpresa, en todos los intentos su respuesta siempre era la misma, y me decía: “No cariño, no es esa, pero estás poniéndote más inteligente con los años; pronto acertarás”…


El año pasado mi abuelo (el padre de mi madre) murió. Estábamos muy dolidos y apenados. Lloramos todos, incluso mi padre, que no solía hacerlo demasiadas veces. En esos momentos de desgarro y pérdida, mi querida madre me miraba con los ojos llorosos, como queriendo decirme algo, pero no lo hacía.


Al final de la ceremonia del entierro, llegó el momento de dar el adiós definitivo al abuelo, y justo en ese trágico momento, mi madre se tornó hacia a mí y me preguntó de nuevo: “¿No sabes todavía cual es la parte más importante del cuerpo, hijo?”.


Lo cierto es que cuando me preguntó justo en ese momento, me inquieté mucho. Yo siempre había creído que esa pregunta era una especie de broma, como un juego que entre nosotros, y que no tenía ni final ni importancia alguna. Pero ella notó al instante mi confusión, al mirarme a los ojos, por lo que no tardó en decirme: “Esta pregunta es muy importante. Para cada respuesta que me diste en el pasado, te dije que estabas equivocado y siempre te dije por qué. Pero hoy es el día en que necesitas saberlo”.


Ella me miraba como solo una madre puede hacerlo. Vi sus ojos llenos de lágrimas contenidas, y solo pude hacer una cosa: Fundirme en un abrazo interminable con ella.


Fue entonces cuando, apoyada en mi y entre sollozos, me dijo: “Hijito, la parte más importante del cuerpo es tu hombro”…


Me quedé pensativo por unos instantes, porque no entendía lo que me decía, de modo que le pregunté: “¿Por qué mamá? ¿Acaso porque ayuda a sostener mi cabeza?”. Ella respondió: “No cariño, es porque puede sostener la cabeza de un ser amado o de un amigo cuando llora, como estás haciendo ahora mismo conmigo. Todos necesitamos un hombro para llorar sobre él en momentos difíciles de la vida. Yo solo espero que tengas amor y amigos, y así siempre tendrás un hombro donde llorar cuando lo necesites, como yo ahora necesito el tuyo”.


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Uno de los nombres que definen al Espíritu Santo, es “Consolador, el que está a tu lado”. Él quiere estar cerca de nosotros en momentos difíciles, pero espera también que los que nos llamamos cristianos seamos capaces de hacer, con Su ayuda, algo que Él hace como nadie: Consolar.


Seamos personas capaces de prestar nuestro hombro a otros, lloremos con los que lloran, seamos aptos para estar al lado de nuestro prójimo en los momentos difíciles, y dejemos que esa sea una manera en la que manifestemos a otros algo importante: Que podemos hacer que Jesús esté cercano al que lo necesita y lo busca de veras, para que de algún modo, ayudemos a que se cumplan Sus palabras, cuando dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). En la verdadera manifestación del amor es como los demás verán que somos cristianos, y como entenderán que Cristo puede extender sus manos hoy a través de las tuyas o las mías.


¿Estaremos disponibles para prestar nuestro hombro a otros?


Historia de autor desconocido, adaptada por "El Peregrino"


12 de febrero de 2009

Aprendiendo del Desastre

Thomas Alva Edison, es conocido hoy día como uno de los más grandes inventores de la historia reciente.

Quizás su invento más popular fue la bombilla de filamento incandescente, pero a lo largo de su vida patentó unos mil inventos e ideas más, enchufes, fusibles, un automóvil eléctrico, la primera central eléctrica del mundo, el desarrollo del hormigón armado, el telégrafo, el transmisor telefónico… Puso además buenos fundamentos para lo que hoy llamamos electrónica.


De pequeño fue expulsado del colegio por “mal estudiante” y fue educado por su madre. La lectura le encantaba, y de ahí sacó inspiración para iniciar años más tarde sus primeros experimentos. Durante unos años, estuvo intentando construir una batería que almacenara cargas eléctricas; pero sus esfuerzos inventivos fueron destrozando sus propias finanzas. En cierta ocasión, una combustión espontánea en su estudio lo llevó casi de cabeza a la ruina, y es que en unos minutos, todos los compuestos que tenía para sus inventos, todas esas sustancias inflamables, ardieron completamente.

Vinieron bomberos de varios pueblos circundantes para sofocar las intensas llamas, pero el penetrante calor producido por la combustión acelerada de tanto material químico, unido a la poca presión del agua de los que vinieron a apagar las llamas, hicieron inútil la extinción de las llamas que lo destruyeron absolutamente todo. Las perdidas que sufrió en aquel día fueron incalculables, y como por entonces los edificios de cemento se consideraban “a prueba de fuego”, su seguro apenas cubrió la décima parte de lo que allí ardió.

Tras el terrible suceso, Charles, hijo del inventor, buscó con inquietud a su padre temiendo que este se hubiera hundido en la más completa desesperación. Y tras su angustiosa búsqueda, lo encontró finalmente contemplando con serenidad el fuego: Su rostro resplandecía por las llamas, pero mientras reflexionaba.

A la mañana siguiente, Edison contemplo las ruinas y exclamó:

- Hay algo valioso con el desastre: Se quemaron todos nuestros errores. Gracias a Dios podemos comenzar de nuevo.

Unas semanas después del incendio, Edison se las ingenió para inventar lo que sería el precursor del cinematógrafo de los hermanos Lumiere: El Kinematógrafo.

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Aprender de los errores y rectificar, es de sabios.
No sucumbir ante los desastres, es de entendidos.
Aprovechar que cada día nos regala con su nueva luz, la esperanza y la oportunidad de comenzar de nuevo el resto de nuestras vidas, es de valientes.
Aprender a confiar en que Dios siempre tiene un propósito para todo lo que pasa… Eso no tiene precio.

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