Bienvenido al Blog de "Historias Para Meditar"

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Un Saludo de los Narradores de "Historias Para Meditar"

Meditar, consiste en reflexionar aplicando algo de imaginación a lo que se examina. Su finalidad es aprender algo que no siempre salta a la vista en un primer vistazo...

Esperamos conseguir con este sitio, proveerte de una fuente de "meditaciones" que te ayuden en tu vivir cotidiano y que el viaje haya sido sido ameno, divertido y sobre todo positivo para ti. ¡Vuelve pronto!


Tus amigos David Lopez-Cepero y Mari Nieves Cintado

25 de enero de 2009

Frente a la Tienda

Diciembre en Nueva Cork, 8 PM, frío en la calle, y en ella un niño descalzo, como de doce años de edad, mirando el escaparate de una tienda con ojos abiertos, como aquel solo sabe abrirlos el que no tiene más que hambre y frío.


Una señora pasea por la calle camino a casa, y la estampa del niño descalzo la conmueve. No, no se trata de que por ser época navideña ella esté más sensible a las necesidades de otros: Ella es siempre. Por eso se acerca al niño y le dice:


- ¿Qué estás mirando con tanto interés en esa tienda, tierno amigo?

- Verá usted, señora, le estaba pidiendo a Dios que me diera un par de zapatos.


Isabel, que era el nombre de aquella buena señora, tomó al niño de la mano y lo llevó adentro de la tienda; le pidió a un empleado que le diera unos guantes, un gorro, una bufanda, y una docena de calcetines para el niño, y le preguntó si en algún lugar podría encontrar un recipiente con agua, jabón y una toalla.


El empleado quedó un poco desconcertado, pero la acompañó a los servicios de la tienda, y le facilitó lo que pedía. Entonces, Isabel entró allí con el niño, se quitó los guantes y le lavó los pies al pequeño, y luego los secó con cuidado. Cuando aún no había acabado, el joven de la tienda llegó con los calcetines y se los dio a ella.


Isabel, le colocó un par de ellos al niño y le compró el par de zapatos que el muchacho había estado mirando absorto desde la calle. Luego, le dio todo cuanto había comprado y acarició con dulzura la coronilla del niño, mientras le decía:


- Ahora estarás mucho más cómodo y abrigado ¿Verdad, amiguito?

- Claro que sí, señora, como no… (Le respondió mientras secaba sus lágrimas de emoción) Pero, ¿Me permite hacerle una pregunta?

- Dime, jovencito.

- Yo le pedí unos zapatos a Dios, no a usted ¿Es que Él le ha dicho algo? ¿Acaso es usted su esposa?



¿Seremos capaces los que nos hacemos llamar cristianos, de mostrar a Dios con nuestras vidas al punto de que nos confundan con verdaderos “parientes” de Dios?



8 comentarios:

Paula dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Paula dijo...

Ahora si:
Conmovedor y real...necesario en este mundo tan individual y alejado de Dios...
Gracias por compartir tan bella reflexión, espero que a muchos más lleguen estas palabras.
Un abrazo
Paula

Isa dijo...

Muy bueno,¡me gustó mucho!
Saludos.

El Peregrino dijo...

Hola, acabo de darme cuenta de que hay un comentario suprimido en este post, y yo no recuerdo haberlo hecho... Agradecería al autor del mismo que lo volviera a publicar, y pido perdón por el inconveniente, pues no tengo por costumbre borrar los valiosos comentarios de los que pasan por aquí.

Perdón de nuevo, y saludos para el autor o autora de ese primer comentario ¡Lo siento!

El Peregrino dijo...

Gracias por tus palabras, Paula, y perdona la tardanza en responder, parece que he tenido problemas con este blog, y no he visto tu mensaje hasta hoy mismo, creo que no me funcionaron los avisos.

Saludos

El Peregrino dijo...

Isa, es un gusto verte por aquí, eres una fiel lectora, y siempre motiva verte pasear por este humilde lugar. Un abrazo

ARAUNAPEKA dijo...

Pienso que Dios estaba respondiendo al niño y diciéndole, Yo Soy, yo estoy actuando a través de esta hija mía, llamada Isabel. El asunto es si Dios podrá decir, también, Siiiii, yo estoy actuando a través de Ana María, o de Marcos, o de Jimena, no lo se, cualquier nombre. Está mujer no solo fue sensible a la necesidad ajena, sino que actuó en obediencia a Dios. Tremenda lección.
Gracias por la historia, Bendiciones

El Peregrino dijo...

Así es Araunapeka. Ojalá Dios nos ayude a ser sensibles como esta mujer, no sólo a las necesidades de otros, sino a Su propia voz, esa que nos dice en todo momento lo que conviene...

Saludos

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